El miedo a la comida (y cómo termina siendo una de las mayores sorpresas de TIDUR)
Y al final, muchos viajeros nos dicen lo mismo:
“Jamás pensé que iba a comer tan bien.”
“La comida fue una de mis partes favoritas del viaje.”
“Quiero volver solo para volver a comer así.”.
Hay un miedo que aparece casi siempre antes de empezar el viaje.
No es un vuelo largo.
No es al jet lag.
Es a la comida.
“¿Y si no me gusta?”
“¿Y si me enfermo?”
“¿Y si termino comiendo arroz blanco todos los días?”
Muchos viajeros llegan a TIDUR con esa preocupación silenciosa. Con la idea de que el Sudeste Asiático es intenso, extraño, difícil de digerir. Y sin embargo, pasa algo que se repite viaje tras viaje: el 100% queda profundamente sorprendido por lo increíble que se come.
Porque TIDUR también se vive a través del sabor.
Singapur es la primera revelación. Un país pequeño, pero un universo gastronómico infinito. Un verdadero hub cultural donde conviven cocinas chinas, indias, malayas y de todo Asia. Comer en Singapur es viajar sin moverte. Puedes desayunar dim sum, almorzar un curry indio perfectamente especiado y cenar sushi o comida vietnamita de altísima calidad. Y si no estas con el animo de probar nada nuevo, porque a todos nos pasa en algun momento, hay muchas opciones deliciosas de comida occidental como pasta, hamburguesa o una muy buena carne. Todo convive. Todo funciona. Todo está cuidado.
Después llega Bali. Y Bali es otra cosa.
Es color. Es frescura. Es ligereza.
Para muchos, Bali termina siendo el paraíso del healthy food. Bowls llenos de frutas, vegetales, semillas, jugos naturales, opciones conscientes, creativas y llenas de vida. Comer en Bali se siente como nutrirse, no sólo alimentarse. Y al mismo tiempo, está la comida tradicional indonesia: el nasi goreng, ese arroz salteado con vegetales y proteína que parece simple, pero guarda una profundidad de sabor que reconforta. Como si el cuerpo dijera: gracias, esto sí, se siente como casa.
Y cuando el viaje ya ha bajado el ritmo, cuando el cuerpo está más abierto y confiado, llegamos a Camboya.
Camboya sorprende desde un lugar muy auténtico.. Su cercanía con Tailandia se siente en la cocina: pad thai, curries aromáticos, sopas profundas que abrazan. Pero también tiene identidad propia. El lok lak, por ejemplo, es uno de esos platos que nadie espera y todos recuerdan porque seguro se lo han comido en el famoso restaurante WOK en Bogotá, una carne en salsa de pimienta (que es una de las mejores del mundo). Sabores intensos, equilibrados y llenos de una identidad muy propia.
Nada de esto es casualidad.
Los restaurantes que elegimos para TIDUR no se escogen al azar. Hay una curaduría consciente detrás de cada lugar. Pensamos la comida como parte esencial del viaje, como una experiencia que acompaña, que sostiene, que suma. Por eso mismo, en Cambodia hay una clase de cocina que les permite conectar desde el proceso de creación y con los alimentos. Para que nadie sufra y el miedo se transforme en disfrute.
Y al final, muchos viajeros nos dicen lo mismo:
“Jamás pensé que iba a comer tan bien.”
“La comida fue una de mis partes favoritas del viaje.”
“Quiero volver solo para volver a comer así.”
Porque TIDUR no solo te enseña a descansar.
También te enseña a confiar.
Incluso en algo tan simple —y tan profundo— como sentarte a la mesa en un lugar lejano… y disfrutar